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sábado, 14 de mayo de 2011

El hombre que quiso ser eterno

Hace 2 años que se ha marchado y su voz todavía resuena en nuestros altavoces, sus letras aun se recuerdan y sus canciones se siguen versionando. Cumplidos los 2 años de su muerte, Antonio Vega todavía consigue erizarnos el vello cada vez que hace sonar una guitarra en sus manos.

Muchos caen, pero pocos se levantan. Capaz de ponerse en pie y batirse con gigantes, Antonio fue un luchador, un hombre abrazado a la vida. Y así nos lo quiso mostrar con sus canciones, su forma de hablar con el mundo.


Bebió del Elixir de juventud (extraído de la canción: Elixir de juventud), vivió la inmortalidad (Pasa el otoño) y quiso tener su edad: madura juventud (Palabras). Fue él quien amó la eternidad (Murmullo de tus manos) y juró no irse, no sin antes algo más que ver, aun es pronto para envejecer (No me iré mañana). Por eso no tuvo miedo el tiempo que se fue (Háblame a los ojos) y vivió el día, sin temores, sin el miedo de gozar (Estaciones). Y así, sin comprender la velocidad del tiempo (Enganchado a una parada de autobús), se preguntó eternamente cómo era el mundo al empezar (Océano de sol), aprendiendo a esperar (Hora del crepúsculo) y a darse cuenta de que es  tiempo de estar muy vivo (Mis amigos), es tiempo de gozar.


Genial letrista y mejor compositor, Antonio fue capaz de dejar su pincelada en el gran cuadro de la historia. Un suave toque de arte para este mundo irreverente y descuidado que sólo tras su muerte parece haber entendido lo que Antonio Vega sabía, y es que lo mejor de esta vida, no es otra cosa que su efemeridad; y siendo consciente de ello, aprovecharla al máximo a cada segundo..

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